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PARA REFLEXIONAR VIOLENCIA DOMÉSTICA: ¿POR QUÉ LAS MUJERES SE QUEDAN? RANDY QUIROGA-KING PUBLISHER Oklahoma's #1 Hispanic News pa per, Website, Yellow Pages, Attorney & Health Guides and Metro Magazine! 300 SW 25th ST | OKC, OK 73109 www.noticiasoklahoma.com Los artículos que se publican aquí, son responsabilidad de quién los escribe. Las cartas deberán contar con el nombre del autor y un teléfono para confirmar. The opinions expressed in articles published are not necessarily those of El Nacional. Letters should must have a name and phone for verification purposes. SUBSCRIPTIONS/ SUSCRIPCIONES $96 Year. Mail check or money order: Attention Subscriptions $96 por año. Envíe el cheque o mo- ney order: Atención Suscripciones OKLAHOMA OWNED. HISPANIC OWNED. 405.632.4531 REPRESENTANTES DE VENTAS PERRY KEPFORD VICTOR VILLAR ALEX COMEZ DISEÑO GRAFICO SAMUEL CARDONA MARCO SANTA MARÍA EDITOR DE VIDEOS MATTHEW COON EL DE OKLAHOMA NACIONAL Oklahoma's Trusted Spanish News Source. 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Mis amigas me perdie- ron por casi ocho años. Mi madre vivió cada instante, cada segundo de dolor que yo enfrenté como si fuera ella misma la receptora de los más horribles insultos. Ella también recibió los peores oprobios que nunca imaginó a sus 70 años de edad. Yo misma me sentía cul- pable de todo y por todos, me volví violenta de la impotencia y atacaba a los seres queridos que trataban de hacerme ver lo mal que yo estaba. Perdí mi sonrisa espon- tánea, mi chispa, mi luz, mi capacidad de asombro. Hacía un esfuerzo extraor- dinario cada mañana para creer que era una buena mujer y madre. Me veía fea. La "otra persona" había taladrado mi cerebro con las más hirientes expre- siones y triunfaba ante mi debilidad. Odiaba leer libros de violencia doméstica por- que todos hablaban de una hermosa teoría y yo no encontraba un final a mi tor- tura. Sen- tía que n a d i e m e entendía. Yo rogaba por un final que fuera bueno o malo, pero ese final nunca llegaba. Seguía caminando mi oscuro camino porque en el poco porcentaje de autoes- tima que me quedaba reco- nocía que no estaba prepa- rada para dejar este mundo. Me quedaba un poco de luz en el cerebro para enten- der que le iba a provocar un daño irreversible a mi hija si tomaba una deci- sión errada producto de mi depresión. Gracias a mi bebé me mantenía caminando, aun- que fuera como un fantas- ma por una senda en la que sólo habitaba un monstruo que me controlaba en todas las forma posibles. Yo había ayudado a crear ese mons- truo, le había dado la fuerza y la importancia que nunca debió tener. Yo creía en sus denigraciones. Yo no podía tomar una decisión porque el miedo me tenía atada. Fui a varios psicólogos, a un psiquiatra que me recetó unas pasti- llas horribles que me lleva- ron una noche a la alucina- ción y a gritarle a mi madre que me habían robado a mi hija cuando mi niña dormía tranquilamente en su cuna. To q u é fondo. Después de ese agu- jero negro ya no quedaba otra solución que renun- ciar a la vida. Estaba casi lista. Vivir así no tenía sen- tido. En varias oportuni- dades creí que podía salir de mi horrible hueco, pero todas eran falsas alarmas. El monstruo me volvía a arrastrar al infierno. No hubo una situa- ción especial que me hizo empezar el tortuoso cami- no de nadar hacia la super- ficie buscando una luz. En medio de ese también dolo- roso peregrinaje de encon- trar oxígeno empecé a dis- frutar la jornada, empecé a despojarme de mis cami- sas de fuerza. Entendí que había dos caminos: dejarme vencer y callar o encon- trar el coraje y hablar. Sanarme ha toma- do mucho tiempo. Tal vez tome años, pero hoy tengo compasión por aque- llas mujeres que ni siquie- ra pueden ver lo mal que están. Yo también tuve un inci- dente violento en un eleva- dor y el único testigo -ante quien yo sentía una enorme vergüenza- me dejó saber a través de una amiga común que él estaba dispuesto a ayudarme cuando yo estu- viera lista [Gracias, Yuri]. La vida colocó ese hom- bre una vez más delante de mis ojos cuando yo ya era otra mujer, la mujer que soy hoy y sus palabras resumie- ron todo: "No te conozco". Ojalá que la esposa de Ray Rice encuentre la luz y sus palabras no sean fal- sas alarmas que ella misma se repite para creer que está bien. Toma tiempo pero puede llegar el buen final. A-2 EL NACIONAL DE OKLAHOMA JUEVES 11 DE SEPTIEMBRE, 2014 • www.noticiasoklahoma.com OPINIÓN

